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Tener un equipo de trabajo a tu cargo no sólo significa ostentar una posición más alta en el organigrama. Te convierte en el responsable de los resultados que este grupo de personas genere para la empresa. De su desarrollo como equipo y de ayudarlo a crecer profesionalmente.

Durante mucho tiempo, esta labor fue llevada a cabo por un supervisor. Sin embargo, las organizaciones actuales necesitan personas al frente de los equipos de trabajo, cuya labor vaya más allá de evaluar el desempeño de sus colaboradores. Nace así la figura del facilitador, encargado de un grupo de personas al que diariamente lidera, escucha, entrena, guía, asesora y evalúa.

Raúl Valerio Nebradt, socio-consultor en Relaciones Laborales y Asociados, explica que un supervisor tradicional vigila y se encarga de los procesos operativos. Da órdenes para que se cumplan sus instrucciones, elabora reportes, identifica errores, retroalimenta sobre cuestiones personales y no sobre procesos. En resumen, se preocupa más por la tarea que la relación con su equipo.

Facilitador

“Mientras, el facilitador trabaja junto con sus colaboradores para detectar desviaciones de la operación, identifica fortalezas de su gente para aprovechar el potencial 100%, da la directriz para que sus colaboradores desempeñen su trabajo con iniciativa. Elabora estadísticas e indicadores de los procesos para monitorear la productividad, evalúa el desempeño individual y les da retroalimentación positiva”, puntualiza Valerio Nebradt.

La importancia de contar con un facilitador dentro de las empresas radica en que está capacitado para entender las necesidades. Los motivadores e intereses de sus colaboradores y por ende, logrará una mejor productividad y calidad en su área de trabajo. Esto se debe a que buscan desarrollar las competencias para el manejo y aplicación de las herramientas administrativas y del comportamiento humano.

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10 consejos prácticos para dejar de ser un supervisor tradicional:

  • Demuestra interés genuino por tu gente y elimina los signos de poder.
  • Identifica las cualidades de cada uno de tus colaboradores y capitalízalas.
  • Planifica tus actividades conforme a las necesidades y recursos disponibles de la empresa.
  • Predica con el ejemplo en actitudes y colaboración, sin ponerte en un pedestal y evita hablar como un experto.
  • Propicia la generación de nuevas ideas e intervén sólo cuando sea necesario.
  • Desarrolla las habilidades de tus colaboradores para que al menos uno de ellos pueda ser tu posible sucesor en el corto plazo.
  • Fija prioridades 
y dáselas a conocer.
  • Establece claramente los objetivos y las métricas con las que evaluarás sus resultados.
  • Revisa periódicamente los avances del trabajo y compáralos con los objetivos planteados para corregir las desviaciones a tiempo.
  • Escucha la opinión de tu gente cuando aporte valor a los procesos del negocio y permítele tomar decisiones.

CRÉDITO:
Marisela Delgado

Author: gushdez

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